24. Pensamientos en la noche
diciembre 7th, 2010 | Juanjo Amorín
Uxía
Aquella noche Uxía regresó a su casa llorando como una adolescente. Caminó despacito pensando que las prisas nunca son buenas. Cada baldosa que separaba su casa de la de Brais era una cumbre a la que trepar. Su cabeza quería relativizarlo todo, pero su corazón se lo impedía. Hacía poco más de una semana que había vuelto a ver a Brais tras veintidós años de separación. Es cierto que la noche anterior en la webcam los sentimientos afloraron de una manera inesperada y también que aquella noche hasta que se acercó al cubo de la basura todo pintaba ideal, pero Brais era un hombre libre en aquel momento y por lo que se veía también un tipo despistado.
Al llegar a casa, alrededor de las dos de la mañana, Iria y Laura dormían profundamente. Uxía pasó de puntillas camino del salón. Se quitó la ropa y se recostó en el sofá. La soledad de su casa la relajó, pero al ver en la estantería la caja en la que Brais le había enviado los cuentos la melancolía la atrapó y sólo la manta pudo esconder el sollozo de rabia que expulsaban sus ojos.
Se preguntaba, si Brais tiene otra relación ¿por qué no me lo ha dicho? Todo hubiera sido más sencillo, si aquella noche no hubiera ido a su casa. ¿Con quién está? ¿Es algo pasajero o tiene una pareja más o menos estable? Brais siempre había sincero y aquella noche no lo había sido ¿por qué? Cuando quieres a alguien de verdad, la sinceridad no puede faltar.
Mientras Uxía lloraba sin entender…
Brais
Brais cogió su teléfono móvil e intentó llamar a Uxía, pero estaba apagado. Se había quedado con los dos gintonic en la mano sin saber en realidad lo que había ocurrido, hasta que acudió a la cocina. Vio que la tapa del cubo de la basura estaba abierta y allí, además de los restos de la creación de las dos copas descubrió el cuadro que minutos antes Uxía también había visto. La rabia le empujó a golpear con la pierna el trozo de plástico que salió rodando hasta la pared.
La vida de Brais en Madrid estaba siendo bastante agitada en lo sentimental. En Buenos Aires además de mucha historia quedaron los años más tristes de su vida. Tras la muerte de su mujer en accidente de tráfico no había levantado cabeza hasta llegar a Madrid.
En la capital, se había apuntado a una página de contactos para encontrar pareja. Los fines de semana que Anita se iba a dormir a casa de la abuela, él aprovechaba para quedar con una de esas chicas a las que regateaba por las noches en el chat. Desde hacía dos semanas estaba liado con María, una morena que vivía a hora y media de Madrid y que calentaba su cama en fines de semana. Sólo era sexo y conversación y los dos lo sabían porque de eso va.
Aquella semana María apareció por sorpresa el miércoles a mediodía. Brais llamó a su madre y esta accedió a llevarse a Anita aquella noche, pero le costó una discusión porque no era bueno que la niña estuviera danzando por la semana de casa en casa. Aquella noche después de hacer el amor, María le espetó a Brais un “empiezo a sentir algo más por ti” continuado de un “quiero dar un paso más” y Brais, claro, aceptó. Acordaron que darían de baja sus cuentas en la página de contactos y que empezarían a probar si lo suyo funcionaba.
Pero en medio apareció Uxía y eso eran palabras mayores para Brais. Tanto que aquella noche si hubiera sucedido algo, él se lo hubiera dicho, porque una cosa es sentir y otra amar.
Cabreado aún con todo lo que había pasado, regresó al salón. Cogió uno de los dos gintonic y se acercó al ordenador en el que veinticuatro horas antes había estado viendo a Uxía. Abrió el programa de mensajería, pulsó en su nombre, pero estaba desconectada. Aún así, se atrevió a dejarle el siguiente mensaje:
“Sé porque te has ido y te entiendo. Me faltó una hora para contártelo todo Uxía. Mi vida en Madrid ha sido un poco loca hasta ahora. No deseo nada más en este mundo que abandonarla y caer en manos de alguien que me quiera de verdad. Te dejo esta canción que lo explica casi todo . Ojalá que me des la oportunidad de explicarte el resto. Un beso.”