29. Imagina que es posible
diciembre 24th, 2010 | Juanjo Amorín
Eran las 5 de la mañana de un día de verano del año 2057. Uxía, ochenta y dos años, y Belén, dieciséis, llevaban juntas desde mediodía en el desván de la casa de la playa en Galicia. Quince horas en los que la abuela le había contado la historia de su vida a su nieta. La historia de su amor con Brais, que dos días antes se había ido a un viaje sin retorno, a algún lugar desconocido a seguir imaginando sueños que se podrían hacer realidad.
Belén abandonó la pequeña ventana del sur del desván desde donde estaba tomando la luna llena y regresó al sofá. Uxía dejó el último disco encima de la cadena de música e hizo lo propio. Una mezcla de cansancio y serenidad reinaba en la constelación de aquel espacio de la casa de la playa. Ya en el sofá, se miraron, ambas se mordieron el labio inferior y luego se fundieron en un abrazo que duró minutos. Uxía tenía su cabeza apoyada en el hombro de Belén. Sus ojos apuntaban a la ventana que estaba abierta. Y allí, en ese instante, vio una luz pasar parpadeando. Era una estrella fugaz. Uxía sonrió y entonces pronunció su nombre en alto: Brais.
- Belén, cariño. He vivido una vida plena, hice lo que debía hacer, hice mi camino y lo único que he querido a lo largo del día de hoy es regalártelo para que te lo lleves como algo tuyo, y para que pase de generación en generación, y para que siempre recuerdes a tus abuelos, Brais y Uxía. Tú eres la pequeña de la casa, nuestra última nieta y la que más tiempo has pasado conmigo. Algún día, más pronto que tarde, me iré junto a mi amor, Brais, porque es lo que deseo con todas las fuerzas del mundo. Ese día, cuando el señor Destino venga a por mi para llevarme a su lado, quiero que le cuentes a todos los que me quieren la historia de este viaje fascinante. Así me lo pidió Brais la noche que entré en su habitación para despedirme para siempre, ¿recuerdas?.
- Sí, abuela, lo recuerdo perfectamente. Me pediste mi ordenador para poner una canción, pero aún no me has dicho cuál era.
- Sucedió así. Brais apenas podía hablar. Estaba dormido en la cama y sólo a ratos abría los ojos. En uno de ellos se despertó y al verme sonrió. Tenía los labios secos por la deshidratación. Yo se los humedecí con las yemas de mis dedos y luego pudo beber a duras penas un sorbo de agua que le sirvió para coger sus últimas fuerzas y pedirme que pusiera su canción preferida, Imagine de John Lennon. Siempre decía que era una de las canciones más simples, más cortas, más soñadoras y positivas de la historia de la música. Salí de la habitación y acudí a tu cuarto a pedirte el ordenador. Luego regresé a nuestra habitación. La busqué en Internet y se la puse por última vez.
Él comenzó a acariciar mi cara, como lo había hecho una y mil veces, con la ternura y la pasión de su forma de entender el amor incondicional. Nuestras miradas se fusionaron y aunque las palabras fueron silencios, me lo estaba diciendo todo porque como decíamos en mi época Belén, cuando dos personas se miran y flipan, el camino está casi hecho. Y eso es lo que nos pasaba a tu abuelo y a mi. Que nos pasamos cada día de nuestras vidas flipando. Luego le pedí que descansara. Le besé y como cada noche, le dije que siguiera soñando que yo regresaría al día siguiente. Él me dijo que sí con la cara y luego se durmió. Un sueño en el que aún sigue ahora y en el que yo quiero entrar cuanto antes porque no puedo entender mi vida sin él.
- Abuela. Gracias por crear en mi el deseo de imaginar que todo es posible cuando lo quieres de verdad. Gracias por todos estos regalos que me has hecho. Gracias por enseñarme los paisajes que explican la felicidad, el amor incondicional, la coherencia, la fidelidad, la sencillez, la generosidad… Gracias por este viaje. Gracias por enseñarme a volar. Gracias por motivarme a soñar. No te puedes imaginar lo importante que ha sido este día para mi. Ni yo misma sé la dimensión de lo que me llevo, pero te puedo asegurar que será para siempre y que no me abandonará jamás. Sé que el abuelo Brais entenderá que no te deje ir con él aún, porque ahora lo que de verdad deseo es imaginar que es posible que te quedes conmigo para siempre. Y por eso lo quiero soñar.
Cuando Belén terminó de hablar, “Pepe” entró por primera vez en el desván para interrumpir aquella conversación. Se acercó a las dos mujeres. Las miró con ojos de un recién levantado y empezó a sacudir sus pelillos negros de derecha a izquierda con la velocidad de un rayo. El perro de Belén se sentía abandonado durante todo el día. Las dos sonrieron y le acariciaron. Luego abandonaron el desván por el largo y estrecho pasillo creado entorno a las decenas de cajas que allí había. Ya en la segunda planta, Uxía y Belén se despidieron hasta el día siguiente y cada una se metió en su habitación.
Minutos después, Uxía, ya tumbada sobre su cama, escuchó como de la habitación de Belén salían volando las armonías del Imagine de John Lennon cantada por un niño que tenía la voz igual que la del Principito.
Imagina que no existe el cielo,
es fácil si lo intentas,
sin el infierno debajo nuestro,
arriba nuestro, sólo el cielo.
Imagina a toda la gente
viviendo el hoy…
Imagina que no hay países,
no es difícil de hacer,
nadie por quien matar o morir,
ni tampoco religión.
Imagina a toda la gente,
viviendo la vida en paz…
Imagina que no hay posesiones,
quisiera saber si puedes,
sin necesidad de gula o hambre,
una hermandad de hombres.
Imagínate a toda la gente
compartiendo el mundo
puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único,
espero que algún día te unas a nosotros.
Y el mundo vivirá como uno.