21. Más que un cuento

noviembre 29th, 2010 | Juanjo Amorín

Cuando Belén terminó de leer Siempre, el cuento que Brais había escrito en su adolescencia en Buenos Aires y que le había regalado a Uxía, sus manos empezaron a temblar. Aquella historia de Juan y María le resultaba familiar y cercana aunque con otros personajes.

Unas horas antes de morir Brais, Uxía se había encerrado en la habitación con su marido y le había pedido a toda la familia que no les molestaran. Belén se preguntaba si sus abuelos habían vivido en aquellas horas de despedida lo mismo que los protagonistas de la historia que Brais había escrito hacia sesenta años antes. Pero la duda se mantuvo en la nieta porque al mirar a su abuela Uxía vio como esta se secaba las lágrima y salió a su rescate. Se acercó hasta la cadena de música y mientras la abrazaba, le dijo:

- Abuela, gracias por compartir conmigo este cuento, esta historia de amor incondicional.
- Tu abuelo Brais era así Belén.
- Lo sé, abuela. Lo sé.
- Vamos a seguir -dijo Uxía- Ve y lee el segundo cuento mientras yo pongo esta canción. Estoy segura de que te encantará. Verás qué historia más impresionante.

Belén se acercó al sofá y tomó los folios del segundo cuento que Brais había escrito ya con 33 años desde Buenos Aires. Un cuento inspirado en aquella niña llamada Uxía a la que no había visto desde hacía veintindós años, cuando con 14 se tuvo que ir a la Argentina obligado por el traslado de su padre. Un cuento de ficción, breve e intenso, titulado Tal vez, que comenzaba con una carta dirigida a Uxía:

Buenos Aires, 27 de abril del año 2007.

Hola Uxía.

Hace más de veinticinco años que no nos vemos y no sé si esta carta llegará algún día a ti o no. En realidad, no sé ni a que dirección te la voy a enviar, pero no he podido resistir la tentación de escribirla. Ahora entenderás el porqué.

En estos años me han pasado muchas cosas aquí en Buenos Aires. Después de acabar el bachillerato me matriculé en Medicina. Allí conocí a Rosario, una chica con la que tuve a una niña preciosa que se llama Ana que ahora tiene 5 años y a la que acabo de acostar hace tres horas. Su madre murió en un accidente de tráfico hace dos años y ahora vivimos solos.

Hoy es el día de mi cumpleaños, ¿recuerdas? Lo hemos pasado todos en familia. Hemos hecho una fiesta especial y hemos acabado todos muertos de cansancio. Hace unas horas, al acostar a Anita, me pidió que le contara un cuento y sin saber la razón del porqué se me ocurrió este que acabo de transcribir y que te incluyo en la carta junto con la canción que hoy tocó. Todas las noches le pongo música para que duerma mejor.

Cuando lo leas entenderás porque me he acordado de ti. En el sobre van mis señas. Si algún día la lees y al terminar te apetece hablar conmigo, llámame. Un beso. Brais.

Música que Brais le puso a su hija Ana mientras le contaba el cuento

Anita, cariño, este es un cuento que se titula: Tal vez…

Esta es la historia de un Principito de nombre Brais que un día tuvo abandonar su pequeño reino en forma de cubo, llamado K5, porque sus padres los Reyes habían decidido conquistar otros planetas muy lejanos buscando nuevas riquezas.

El principito, que apenas había cumplido los 15 años, se había enamorado de una niña de 14 que llevaba por nombre Uxía, tenía la melena rubia, los ojos color miel y una sonrisa tan grande que era capaz de iluminar toda una galaxia. La había conocido en el colegio por casualidad. Se escribían deseos y sueños en papeles de colores que compartían a escondidas para que nadie se enterara de lo que sentían el uno por el otro. Así se fueron conociendo hasta que se enamoraron por primera vez en sus vidas y pasaron a ser tres, él, ella y los dos a la vez.

El día que abandonó K5 fue uno de los más tristes de la vida del pequeño Brais. Pero su pasión y esperanza en el futuro le llevó a escribir una carta de amor para su pequeña princesa. Lo hizo subido a la estrella fugaz que lo llevaba a él y a sus familiares hasta el nuevo planeta. Cuando la terminó llamó al cartero oficial del cosmos, un tipo llamado Destino, un viejo gruñón que unas veces se portaba bien y otras mal, pero que se había hecho amigo de Brais porque le gustaba la pasión con la que vivía cada cosa que hacía.

Al llegar el viejo Destino y ver a Brais tan afectado por alejarse de su primer amor, este le preguntó:

- ¿Qué te pasa pequeño Brais? ¿Por qué estás tan afligido?
- Una parte de mi corazón se ha secado Destino -dijo Brais con lágrimas en los ojos-.
- No hay ningún desierto que permanezca árido para siempre pequeño Brais.
- Te cambio tus palabras por ríos que me lo humedezcan de nuevo -dijo cabizbajo el pequeño-.
- ¿Y qué puedo hacer por ti?
- Lleva esta carta y este patito amarillo hasta la puerta de la casa de Uxía, pero que ella no se entere.
- ¿La pequeña Uxía, la de los ojos de color miel y la sonrisa brillante? -preguntó Destino-.
- Sí, Destino, esa misma. Llévale este encargo y si puedes haz todo lo necesario para que no se olvide de mi nunca.

El viejo Destino ya conocía la historia de amor de los pequeños, pero no se imaginaba que lo que sentía Brais por Uxía era tan fuerte. El corazón del viejo gruñón se puso blando como una torrija de pan y sus ojos brillantes como dos cristales. Respiró hondo y quiso tomárselo como una misión especial. Tomó entre sus manos el encargo y antes de desaparecer le dijo al Principito:

- Veré lo que puedo hacer. Pero antes de partir, y cambio de este favor tan complicado quiero que me prometas algo Brais.
- Dime Destino. ¿Qué es lo que me pides?
- Los sueños sólo se hacen realidad cuando uno los desea, pero no cuando los fuerza. Ten paciencia, prudencia y templanza. Los sueños no se hacen realidad si el que sueña no es feliz. Pon una sonrisa en tu cara y otra en tu corazón. El día que menos te lo esperes una tercera sonrisa se unirá a estas dos.

Brais se quedó mirando al viejo Destino, mientras pensaba lo que había le dicho y cuando le quiso contestar ya había desaparecido.

Regresó desde la estrella fugaz que llevaba a Brais a su nueva planeta hasta K5, en donde habitaba la princesita Uxía. Con sigilo entró su casa y colocó el patito en la mesa en la que desayunaba todas las mañanas y dejó la carta que el joven Brais le había escrito a su lado. Luego salió para no ser descubierto.

Pasaron los años y Brais y Uxía se hicieron mayores, pero no se habían olvidado porque el viejo Destino que era muy pícaro siempre se las ingeniaba para que en los sueños del uno apareciera de vez en cuando el otro. Un de invierno, el teléfono del viejo Gruñón sonó mientras se estaba echando la siesta. ¿Quién podría llamar a esas horas? pensó. Cuando contestó, reconoció la voz de Uxía.

- ¿Ha pasado algo Uxía? ¿Por qué me llamas a la hora de la siesta?
- Necesito verte viejo Destino -le dijo la princesita que se había convertido ya en una mujer, pero que seguía conservando la misma melena rubia, sus ojos color miel y la sonrisa más bonita del planeta K5-.
- He tenido un sueño y quiero que me ayudes a resolverlo.

El viejo Destino se levantó con premura de la cama y unos momentos después apareció en la casa de Uxía. Al llegar entró sin ser visto, como hacía siempre, y observó como Uxía estaba sentada en su sofá y en la mano tenía el pequeño patito de plástico de color amarillo. Como ella no se había enterado de la presencia de Destino, este salió de nuevo de la casa. Cogió su teléfono y se puso a hablar durante un par de minutos. Luego regresó y llamó al timbre. Uxía le abrió la puerta y le dijo:

- Pasa Destino, ya creía que no vendrías.
- Es que he tenido que hacer un recado antes Uxía -se disculpó el viejo y continuó- ¿qué puedo hacer por ti?
- ¿Te acuerdas de Brais?

El viejo destino se hizo el remolón y el olvidadizo y dijo

- ¿Brais? No creo conocer a ningún Brais.
- ¿Cómo no lo vas a conocer? Haz memoria. Un niño con el que te llevabas muy bien hace muchos años, el hijo de los reyes de K5.
- Sí, ahora lo recuerdo -dijo haciéndose el despistado- No sé en dónde está. Creo que en un planeta muy lejos de aquí.
- Necesito que lo encuentres -dijo Uxía- por tierra, mar o aire. Pero quiero verle.
- ¿Para qué Uxía?
- Porque esta tarde mientras dormía la siesta, tuve un sueño y él era el protagonista y quiero contárselo.- ¿Tan importante es el sueño como para hacer este encargo?
- Sí lo es, Destino. Para mi sí.
- No creo que sea yo el que te pueda ayudar Uxía. Perdí el contacto con él hace mucho tiempo y no seré capaz de encontrarlo.
- Inténtalo Destino.
- Uxía, lo intentaré, pero a cambio quiero que me hagas un favor.
- Dime.

Y entonces Destino le dijo a Uxía lo mismo que le había dicho a Brais muchos años antes.

- Los sueños sólo se hacen realidad cuando uno los desea, pero no cuando los fuerza. Esta noche cuando te vayas a dormir sueña con Brais y vuela hasta él. Eso, tal vez, me ayudará a encontrarlo.

Aquella noche Uxía soñó que Brais regresaba al planeta K5, que se casarían, tendrían hijos y que vivirían felices toda la vida. El sueño finalizó cuando a las ocho de la mañana sonó su despertador. Como cualquier otro día, se levantó y con los ojos aún medio abiertos se fue a desayunar. Al entrar en la cocina vio que la mesa estaba llena de cosas: una jarra de zumo de naranja, varias tostadas con mermelada y el café con leche preparado. Se acercó porque no se imaginaba quien había podido hacer aquello ya que ella vivía sola. Tocó el zumo para ver que no estaba soñando y en ese momento sonó una voz por detrás que le dijo:

- Buenos días Uxía. Por ti volé hasta aquí. He vuelto a casa. El sueño se ha hecho realidad.

Era el joven Brais que había regresado tras la llamada que su viejo amigo Destino le había hecho después de ver que Uxía la tarde anterior tenía el patito de plástico amarillo en la mano. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Anita, la hija de Brais, se durmió y este se fue pensando en escribir el cuento que le había contado a su hija.

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