16. La honestidad

noviembre 2nd, 2010 | Juanjo Amorín

El coche rojo en el que iba Mateo desapareció calle abajo, mientras yo seguía parada en el semáforo.

Me asfixiaba. No podía respirar. Mis labios se secaron. Sentí como un sudor frío llegaba hasta mis manos y las paralizaba. Me agarré al volante para no caer al abismo, pero la tristeza me arrastró y me desplomé al vacío… Mi cuerpo comenzó a girar sin sentido, sin control. Al fondo había una luz blanca que me absorbía y cuando estaba a punto de tragarme escuché el llanto de Iria y el claxo de los coches y me desperté. Me había desmayado del dolor. Mi cabeza estaba apoyada en la ventanilla. Miré al asiento de atrás y vi a Iria que seguía llorando. Aparqué el coche en un lateral. La desaté y la puse en mi regazo hasta que entramos en calor. Luego dejé el coche aparcado en aquella calle y las dos nos metimos en un taxi camino de casa.

Al llegar la bañé, le di de cenar y la acosté. Luego me senté en el sofá, cogí mi móvil y le llamé, pero lo tenía apagado. A las once de la noche, Mateo regresó a casa. Abrió la puerta y pasó al salón. Se acercó sonriendo y me besó. Sólo al alejarse vio mi cara y se asustó.

- ¿Qué he pasado Uxía? -me dijo- ¿La niña?

Yo no tenía fuerza para contestar y comencé a llorar. Mateo se asustó y salió corriendo en dirección a la habitación de Iria pensando que le había pasado algo a nuestra hija. Regresó unos segundos después nervioso. Me agarró y repitió:

- ¿Qué te pasa Uxía? ¿Por qué estás llorando?.

No podía o no quería imaginar que unas horas antes lo había visto besándose con la mujer que el día anterior le había enviado aquel sms. No aguantaba más y comenzamos a hablar.

- ¿De dónde vienes?
- De una reunión fuera de la oficina mi amor, te lo dije cuando me llamaste. ¿Estás así por eso? Me quedé sin batería y no te pude llamar para decirte que se alargaba. Me has asustado cariño.
- No me mientas Mateo, no lo hagas -le dije mientras comencé a golpear con mi mano en su pecho una y otra vez- no lo hagas, no, no, no me mientas.
- ¿Por qué me dices esto Uxía?
- Porque te fui a buscar a la oficina, vi como te montabas en un taxi y te seguí. Porque vi como saliste de ese taxi y te montaste en un coche rojo y vi como besabas a una mujer y como luego desapareciste. Porque ayer vi, como esa mujer aparecía en tu móvil llamándote amor.

Mateo se apartó con cara de póker. Se levantó y comenzó a dar vueltas por el salón sin contestar mientras yo le repetía: ¿por qué? ¿por qué me has hecho esto? ¿quién es esa mujer? ¿por qué?

Unos minutos después, regresó al sofá y me lo contó todo.

- Se llama Isabel. Es una amiga con la que me enrollé apenas dos semanas antes de conocerte hace tres años, pero desapareció y no supe nunca nada más de ella.

En mayo, me envió un mail y me pidió mi teléfono con la excusa de hablar sobre un proyecto profesional. Me sorprendió porque apenas la recordaba, pero se lo di sin importancia. Hace un mes me llamó y me dijo que estaba de paso por Madrid y que quería comer conmigo para contarme ese proyecto. Al llegar al restaurante, me dijo que dos meses después de habernos enrollado, me estuvo buscando para decirme que regresaba a vivir a su ciudad, a Valladolid. Se había enterado que tú y yo estábamos juntos y no insistió. Pero lo que en realidad quería, era verme para decirme que tenía un niño de dos años y que yo era su padre.

Me sentí culpable y me acerqué demasiado, pero sólo para apoyarla, aunque lo que ella buscaba era otra cosa y me dejé engañar. No sabía cómo decírtelo Uxía. Tenía miedo. Esta tarde quedé con ella para decirle que lo que había pasado en estas últimas semanas había sido un error. Que no la quería, que no la amaba y que me dejé perder por el sentimiento de culpa que llevaba dentro. Uxía, no hay nada con ella. Esta es la verdad. Créeme.

La rabia me levantó del sofá y salí corriendo de casa en dirección al parque forestal de la urbanización. Era el único sitio en el que nadie podía encontrarme. En veinticuatro horas, mi vida había dado un vuelco imposible de imaginar ni en la peor de las pesadillas.

Al llegar, me tumbé sobre la hierba y miré al cielo fijamente para pedir una explicación, pero el cielo pasó de mi. Y entonces una estrella fugaz se cruzó en mi mirada. La seguí y acabé ante un dibujo imaginario de una casa que me recordó el párrafo de una carta juvenil que veintidós años antes un tal Brais había escrito pensando en los dos y que había recuperado aquella mañana por casualidad, mientras limpiaba el armario del salón. Y entonces, me di cuenta que la piedra de la fidelidad se había esfumado al ver como Mateo besaba a aquella mujer y la de la honestidad se había hecho mil pedazos tras su explicación al llegar a casa.

Uxía cogió de nuevo la mano de su nieta Belén que seguía boquiabierta por todo lo que estaba escuchando y le pidió que prestara atención:

Belén, LA HONESTIDAD, es una mezcla entre coherencia y sinceridad. Alguien es coherente cuando hace lo que cree que es mejor para él y para los demás. Y es sincero cuando no miente. A veces, en las cosas sin importancia de la vida, no somos ni sinceros, ni tampoco coherentes y eso no quiere decir que no seamos honestos. La verdadera honestidad se demuestra con la gente que quieres. No dejes de ser honesta con aquel al que digas “te quiero”.

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