12. Volar
octubre 25th, 2010 | Juanjo Amorín
Uxía aún no había olvidado el excitante sueño que había vivido unos minutos antes, cuando su nieta apareció en el desván con los dos vasos de agua. Belén se sentó en el sofá y se puso a rebuscar en la caja de latón, mientras Uxía la observaba al lado de la cadena de música.
- ¿Qué buscas hija?
- El sobre marrón.
- No está ahí -dijo Uxía con media voz y agachando la cabeza-.
- ¿En dónde está? ¿No lo tienes?
- Sí, está aquí -Uxía acercó su mano derecha al corazón y continuó- muy adentro. Aquello fue más que una carta Belén. Fue el mejor regalo de mi vida. Y Brais con sólo 14 años, me lo regaló. ¿Recuerdas que anteayer os pedí a todos que salierais de la habitación porque quería estar sóla con el abuelo?
- Sí, lo recuerdo y me pediste mi ordenador, ¿para qué?
- Sabía que sería la última vez que lo vería con vida y necesitaba repetir con él, aquella sensación. Te pedí el ordenador para buscar una canción. Belén -dijo Uxía mirando a su nieta- acuéstate en el sofá y cierra los ojos. Te voy a contar lo que había en el sobre marrón.
Belén obedeció a su abuela. Reclinó su espalda sobre el mismo cojín en el que minutos antes había estado ella soñando con Brais. Uxía estaba al lado de la cadena de música. Recogió de la caja negra estampada con la figura del galgo un sobre marrón que tenía escrita una frase en inglés. Antes de abrirlo empezó a hablarle a Belén que ya estaba con los ojos cerrados:
- Aquel septiembre de 1988 había empezado BUP en el Instituto Campoamor. Estaba a dos calles del Rosalía. Aunque todos los días salía de casa deseando coger la caja roja, no me atrevía a acercarme al salón de actos del colegio. Yo ya no estudiaba allí y no sabía como encontrar el momento para estar dentro sin que nadie pudiera verme. El 12 de octubre de 1988 era fiesta y todo estaba cerrado. Hacía mucho frío y mis padres decidieron que esa era una buena excusa para quedarse en casa. Después de comer me fui a mi habitación. Me tumbé en la cama y vi la caja roja encima del armario. Me levanté, la cogí y salí corriendo de casa en dirección al Rosalía.
Sabía que los chicos del barrio habían rajado la alambrada en la zona sur para entrar al patio cuando el colegio se encontraba cerrado. Llevaba una falda rosa de punto con un estampado y una camisa beis. Intenté pasar por un hueco de la alambrada, pero la falda se enganchó y me quedé colgada entra la vida y la muerte. Me caí, pero no sentí el dolor porque ya había conseguido pasar. Corrí hasta el salón de actos. En la parte trasera había una persiana de color azul que no cerraba bien y que se utilizaba para meter mercancía. Sabía que levantándola un poco podría colarme por debajo. Y así fue. Sin quererlo nos vimos dentro, mi caja roja y yo.
Entré por la zona de camerinos y pasé hasta el escenario. Me senté en el suelo y puse la caja entre mis piernas. La abrí. Estaba todo lo que Brais me había dejado: el patito amarillo, las fotos, dos casettes y el sobre marrón del que salieron dos hojas. La primera se titulaba “Instrucciones”. Brais me pedía que me fuera hasta el asiento desde donde vi el Principito, pero antes quería que pusiera música. Uno de los casettes de la caja roja se titulaba igual que la segunda hoja: “Everything I do I do it for you”. Me levanté y me acerqué corriendo hasta el lateral del escenario en el que había una pletina que se utilizaba para las ambientaciones de los actos del Rosalía. La encendí, metí el casette y le di al play…”
Uxía abrió el sobre marrón que había cogido de la caja negra con la figura del galgo grabado. Extrajo un folio plegado en forma de cuadrado. Lo abrió como el capullo de una flor y apareció un CD. Lo introdujo en la cadena de música y mientras estiraba el folio que luego leería, continuó contándole a su nieta lo que había pasado aquella tarde en el salón de actos del Rosalía.
- … y empezó a sonar esta canción. Bryan Adams – (Everything I Do) I Do It For You
Bajé hasta mi asiento. La hoja de Instrucciones, decía: “ahora lee en alto la segunda hoja”. La tengo aquí Belén y te la voy a leer:
Hola Uxía.
Por fin estamos los dos juntos. Aquí, en nuestro lugar. Escucha lo que dice la canción:
Mírame a los ojos, verás
lo que tú significas para mí.
Busca en tu corazón, busca en tu alma.
Y cuando me encuentres allí no buscarás más.
No me digas que no vale la pena intentarlo.
No puedes decirme que no vale la pena morir por eso.
Sabes que es verdad.
Todo lo que hago, lo hago por ti.
Estoy aquí, a tu lado. Mi mano está sobre la tuya. ¿Me sientes?. Estás temblando cariño. Como la primera vez, cuando el Principito se acercó a visitar a la rosa más preciosa del planeta para decirle que se fuera con ella de viaje para siempre. Aquel día los temblamos.
Supongo que habrás dejado la caja roja en el escenario. No importa. Allí están sólo algunos momentos de este año que he vivido contigo. Lo importante no es lo que está ahora, sino todo lo que tenemos que meter en ella en el futuro. Sabes, el tiempo no quiere ser nuestro amigo. Nos conocimos hace un año y sé que sólo tenemos catorce. Me encantaría tener veinticinco o treinta y poder decirte que quiero que estés conmigo toda la vida. Decirle ahora puede sonar a chiste, pero es lo que siento. Así que esto es cosa de tres: el tiempo, tú y yo. Pero ¿sabes qué?. Creo que no nos separará. Creo que nos dejará vivir nuestra historia de amor hasta el final. Así me la imagino yo y por eso la he escrito en esta carta porque quiero compartirla contigo y que se quede ahí, para siempre. Acércate a mi. Quiero que llegue al fondo de tu corazón.
Nos haremos mayores y nos llenaremos de experiencias que aterrizarán en nuestras vidas. Algunas experiencias nos unirán más y otras nos separarán. Unas serán apasionantes y otras amargas. Vendrán mal dadas y lloverán sonrisas que nos harán felices. Así es y así será. Cuando observas a los que son más mayores que nosotros, ves que a ellos les pasan estas cosas. Así que a nosotros también nos sucederán. Mi abuelo suele repetirnos esta frase: si los cimientos son estables, la casa crecerá hasta el cielo. Así que hoy, estoy aquí para construir, contigo, una casa que nos lleve a tocar las estrellas en el cielo. Una casa que crezca de recuerdos vivos. Una casa que sea un proyecto de vida en común. Una casa en la que reir, llorar, amar, sufrir, vivir… Quiero construirla contigo. Los dos juntos y así, como te cuento ahora.
La primera piedra se llama, AMOR. Colócala ahí abajo, en el fondo del estómago. Cuando pienses en mi, si la sientes es que está bien puesta. Es fundamental porque es en la que se apoyarán las demás. Ahora coloquemos la FIDELIDAD. Es la virtud de prometer que ninguno de los dos fallará. Suele ser una piedra rebelde, pero se puede dominar con el paso del tiempo y con la ayuda del amor. A su lado tiene que estar la HONESTIDAD, una arcillosa mezcla de coherencia y sinceridad. Ella nos ayudará a superar las tormentas internas y las que nos provoquen los demás. Ahora cubramos todo con estas piedrecitas pequeñas de colores por encima: son las SONRISAS. Hay que poner muchas, muchas, muchas… Son fundamentales para atraer a las estrellas. Por las noches con sus destellos nos llenan de FELICIDAD a todos los que habitamos la Tierra. Pongamos más y más. Hagamos un inmenso puzzle de piedras de colores ¿Ves cómo va creciendo? Así es. Pasito a pasito todo va encajando.
Y ahora vamos a revisar si todo está bien colocado. Para comprobarlo he tomado prestado este poema de la canción. Es un test para saber si estamos preparados. Tienes que sentirlo de verdad. Si tiemblas habremos acertado. Para ayudarte, léelo en alto mientras disfrutas de la música:
Mírame a los ojos y verás
lo que tú significas para mí.
Busca en tu corazón, busca en tu alma.
Y cuando me encuentres allí no buscarás más.
No me digas que no vale la pena intentarlo.
No puedes decirme que no vale la pena morir por eso.
Sabes que es verdad.
Todo lo que hago, lo hago por ti.
Mira en tu corazón, encontrarás que
allí no hay nada que esconder.
Tómame como soy, toma mi vida.
Lo daría todo, me sacrificaría.
No me digas que no vale la pena luchar por eso.
No puedo evitarlo, no hay nada que quiera más.
Sabes que es verdad.
Todo lo que hago, lo hago por ti.
No hay amor como tu amor.
Y ninguna otra persona podría dar más amor.
No existe ningún sitio, a menos que tú estés allí
Todo el tiempo, todo el camino.
Oh, no puedes decirme que no vale la pena intentarlo.
No puedo evitarlo, no hay nada que quiera más.
Lucharía por ti, mentiría por ti,
Caminaría por la cuerda floja por ti, moriría por ti.
Sabes que es verdad.
Todo lo que hago, lo hago por ti.
Uxía, mi amor, cierra los ojos y agarra fuerte mi mano. Vamos a volar.