2. El nuevo

octubre 10th, 2010 | Juanjo Amorín

Era el primer día del último curso de EGB.

- Uxía Ribas Llanos, leyó en alto Doña Blanca, la profesora de octavo del Colegio Público Rosalía, con la voz tomada por los primeros fríos de septiembre que venían de la sierra.

Apurando aún el Ribas, Uxía respondió: sí señorita.

Y dando la razón a su forma de ser, se levantó de la silla con la fuerza con la que salen disparados los cohetes que se lanzan por las fiestas de San Roque. Tan de sopetón que su vestido voló y por unos instantes todos los chicos que estaban tras el pupitre de Uxía vivieron una foto finish, de esas que duran un segundo, pero que parecen una eternidad. El tiempo en que Uxía movió el brazo derecho para ponerlo todo, de nuevo, en su sitio.

Dos filas más atrás estaba Brais Gómez que se quedó impactado con la escena. Años más tarde confesó que aquello había sido sólo un prólogo de una larga historia. En el curso de octavo, los chicos se volvieron locos por Uxía, pero ella les recetó cordura.

Cuando llegó el turno de la presentación de Brais, toda la clase se giró. Era nuevo en el colegio. Su familia acaba de regresar tras cinco años de emigración en Buenos Aires dónde su padre había ejercido como médico de la embajada española. Llevaba sólo dos días en España. Su acento porteño y la semántica desconocida de algunas de sus palabras provocó la sonrisa de todos, incluída la de Uxía. Brais estaba avergonzado de los sonidos con los que hablaba o quizás tenía miedo por las consecuencias de aquellas risas, pero lo cierto es que su cara se transformó en un tomate maduro. Se salvó de una explosión gracias al reloj que a las once y media en punto disparó el timbre del patio. Recreo, dijo Doña Blanca. Media hora para tomar el bocata y jugar.

Brais salió corriendo con su bocata de Nocilla en la mano tras el grupo de chicos que tenía el balón con el que se jugaría el partido de fútbol del Rosalía. Un tal Carlos se encargó de decirle que estaban los equipos completos y su adrenalina se esfumó.

Enfrente de él, estaban las chicas saltando a la goma elástica. Uxía estrenaba un vestido de vichy de cuadros con cuello azul marino. Esa fue la razón por la que ese día no saltó. Se puso en uno de los laterales de la goma. Tenía a Brais en línea recta. Y él a ella.

Ninguno de los dos sabía que el destino los había hecho algo más que compañeros de clase.

A las cinco y media sonó por segunda vez el timbre. Se había acabado el primer día de clase. Uxía salió corriendo y desapareció. A Brais le esperaba su padre dentro de un viejo Citröen rojo. Le acercó hasta la puerta de casa y esperó a que entrara en el portal. Brais llevaba una mochila con los colores azules de su equipo de fútbol, Boca Juniors, y con la imagen de Maradona grabada en el centro. Cerró el portal y se dió media vuelta para despedir desde el interior a su padre. Subió los tres escalones de la entrada y se dirigió por un largo y estrecho pasillo hasta el ascensor. Al fondo escuchaba voces que hablaban. Cuanto más se acercaba los latidos de su corazón más se apuraban y sus pasos decrecían. Sonó una campanilla. La mujer alta que hablaba abrió la puerta del ascensor. A su lado estaba una niña con un vestido de vichy de cuadros. Brais al reconocerla se quedó clavado en sus pasos que advirtió a las dos mujeres de la presencia de un tercero. Se giraron y se hizo un silencio que rompió Uxía diciendo: mamá, el nuevo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>