10. Carta para Uxía

octubre 17th, 2010 | Juanjo Amorín

El autor recomienda acompañar la lectura de esta carta con la siguiente canción para vivir las mismas sensaciones que Brais tuvo al escribirla.

En un avión, el 27 de julio de 1988 a mediodía.

Hola Uxía.

Cuando leas esta carta, estaré ya muy lejos de ti. Te escribo desde el avión que nos lleva a Buenos Aires. Salimos hace dos horas. Todo ha ocurrido muy rápido. A mi padre le han trasladado de nuevo a Argentina. Le han obligado y con él a todos nosotros. Así de simple y así de cruel. Nos enteramos la semana pasada y no sabía cómo localizarte. Sólo tenía la dirección que me diste de la casa de tu abuela en Málaga y no me atrevía a escribirte por miedo a perderte.

Pero desde que salí de Madrid, desde que el avión se aleja más y más de ti me falta el aliento. Por eso te escribo esta carta ahora, porque quiero abrir la puerta y tirarme, porque quiero que esto se pare y que no llegue nunca a su destino, porque quiero volar hasta tu playa y vivir allí contigo para siempre.

Desde el último día que te vi, si me giro y no te veo, soy un completo incompleto. Como una persona a medio hacer. ¿Sabes a que me refiero?. Soy casi nada porque no te siento, porque no puedo hablar contigo, porque no te puedo tocar, porque no te tengo a mi lado.

Uxía, desde el día que estuvimos juntos en el sofá de tu casa, he muerto y resucitado mil veces, porque siempre estaba ahí la esperanza de que septiembre llegaría pronto, y que volveríamos a estar juntos. Ayer soñé que salía de este mundo y que podía crear otro sólo para ti y para mi. Un mundo a medida para los dos.

¿Por qué el Principito pudo volar entre planetas maravillosos y nosotros no? Hoy, cuando hacía las maletas y metía todos los papeles que nos intercambiamos por las noches, aquel sueño se convirtió en una pesadilla que sigue aquí, sentada a mi lado. ¿Por qué no puede ser todo más sencillo? Tan sencillo como los paseos que nos dábamos al salir de clase camino de nuestras casas y que tanto nos sirvieron para conocernos el uno al otro. Tan sencillo como los mensajes que nos escribíamos cada noche que nos llevaron a la pasión sin tocarnos. Tan sencillo como estar juntos si los dos lo deseamos. ¿Por qué? Seguro que hay una razón que ahora no entendemos.

Sé que no te quiero perder, pero no sé bien cómo hacerlo Uxía. Ojalá pudiera crear una cuerda capaz de unir nuestras ventanas y mantener viva la bolsa llena de papeles todas las noches, pero eso es imposible. Lo único que se me ha ocurrido es mantenernos unidos dándote una parte de mi. Por eso te pido que ahora me prestes mucha atención. Yo no estoy llorando. Este momento es muy especial e importante.

Cuando regreses a nuestra casa de Madrid, sube hasta la última planta y ve al cuarto de los ascensores. Está al fondo a la izquierda. Abre la puerta marrón. Entra y sigue hasta el final del cuarto. ¿Ves una boca de incendios? Levanta la trampilla y aparacerá una caja roja de zapatos. Es para ti. Están muchas cosas de mi vida. Está el patito amarillo de plástico que tanto te gustaba. Por favor, ponlo cerca de ti. Me despedí de él con un beso y le susurré al oído un secreto, una misión y sé que no me fallará. Cuando lo beses, lo sentiré. Y por cada beso que le des, él tendrá más fuerza para conseguir esa misión. Yo tengo los otros dos, sus padres, aquí conmigo. Estarán siempre a mi lado y algún día los juntaremos ¿Vale?

Hay dos casettes. Te dejo nuestras canciones grabadas. La primera es la del Principito. Aquel día, cuando primero me cogiste la mano, en la mitad de la obra, y luego cuando me diste el beso, al terminar, supe que los papeles eran algo más que un juego de letras escritas. Era amor. La letra decía: “Hoy en mi ventana brilla el sol, y el corazón, se pone triste contemplando la ciudad ¿Por qué te vas? Como cada noche desperté pensando en ti y en mi reloj todas las horas vi pasar ¿Por qué te vas?” … Y después dice: “Todas las promesas de mi amor se irán contigo, me olvidarás, me olvidarás. Junto a la estación yo lloraré igual que un niño…” Vaya metáfora de lo que nos está pasando. Yo me llevo una copia de esas canciones. Las escucharé todas las noches y pensaré en ti. Hazlo tú también.

En el sobre azul verás las fotos que te gustaban de mi álbum. Son para ti. Está tu preferida, la de la camiseta de Mazinger Z. Detrás está dedicada. La llevaba puesta el día más feliz de mi vida, el día que me besaste. Ahora la llevo puesta. Y cada día que te eche de menos me la pondré aunque sea invierno. Lo que sí he dejado en la caja son los calcetines de elefantes que tanto te gustaban. Como te quedarán grandes y no pegan con tu vestidos de vichy de cuadros, te propongo que duermas con ellos ahora que llega el inverno. Mi abuela dice que si duermes con calcetines, te puedes quedar ciego, jejeje, pero vamos a correr el riesgo ¿Qué te parece?

Una cosa más. En la tapa de la caja está pegado con celo un sobre marrón, del color de tus ojos. No lo abras ahí. Hazlo cuando vuelvas al Rosalía. Vete al salón de actos y allí lee en alto lo que está escrito. Yo estaré a tu lado. Yo te agarraré de la mano y te prometo que volaremos juntos por todos los planetas que recorrió el Principito. Pero esta vez no la hará solo. Lo hará con su rosa de verdad: tú.

Esto no está en la caja. Piensa que lo que vivimos ha sido una película sin final porque el destino ha dicho que lo tenemos que escribir ahora, los dos, tú y yo. Sé que pasarán muchos días sin vernos y que el tiempo será nuestro peor enemigo, pero si somos capaces de mantener estas sensaciones, algún día veremos ese final juntos, algún día volveremos a temblar, algún día nuestras manos se abrazarán, nuestras miradas se quedarán paralizadas y nuestros cuerpos pedirán a gritos unirse. Guarda la caja y todos los recuerdos como un legado para conseguir este objetivo.

Amor, amor, estoy aquí, tan lejos, pero tan cerca de ti. Te quiero en mi vida porque te quiero. Esperaré lo que tenga que esperar para volver a estar contigo. Yo creo en ti. Ojalá que tú sientas lo mismo. Cada noche abriré la ventana de mi cuarto y le diré a una de las estrellas que me cuida, que te lleve un mensaje. Soy el Principito, seguro que me ayudará. Te quiero. Un beso.

Brais.

PD: cuando llegue a Buenos Aires te escribiré otra carta con la dirección en la que voy a vivir. Sólo te pido que no estés triste y que cuando pienses en mi, sonrías. Hablamos muy pronto.

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